MIEDO A PERDERME EN ÉL

  –¿Sabes, Elena? No entiendo mi sueño de anoche, porque en él me siento atraída por un hombre muy amoroso, ¡y esos nunca me gustan!

–Ay, Victoria, que eres divertida. Si tu sueño es corto cuéntamelo altiro, así despejamos tu duda. Aprovechemos que estamos solas en la oficina –Elena no puede contener sus ansias de desglosar los símbolos de su amiga; le encanta enredarse en esa magia que tienen los sueños.

–Ok. Mira, en mi sueño me encuentro en una casa grande, amplia, donde he ido a visitar gente, todos más o menos de mi edad. Hay un hombre que me atrae mucho, siento una energía magnética con él. Es delgado, tiene el pelo crespo y más o menos largo, viste ropa muy relajada y es muy, muy de piel. Tiene una mirada increíblemente amorosa, se parece mucho a un apoderado del curso de mi hijo. Los dos comenzamos a hablar y sentimos una gran conexión, siento mucha calidez en él y no quiero despegarme de su lado. Yo no tengo pareja y él tampoco, pero me asusta acercarme más a él. De todos modos me encanta. Hay amigas mías por ahí y me molestan porque se han dado cuenta de la atracción que sentimos los dos. Tengo miedo de perderme en él.

–Uy… ¿Qué será?

–¿Premonitorio?

–¡Ja! No necesariamente, aunque puede ser. Si es premonitorio, ocurrirá de todas maneras, pero mientras analicémoslo como si no lo fuera. Háblame de ese hombre al que se parece el personaje de tu sueño, el apoderado.

–Bueno, no sé ni cómo se llama, sólo lo he visto en reuniones, pero siempre me ha llamado la atención esos ojos tan amorosos que tiene, esa mirada tan intensa, como si no temiera abrirse al otro, mostrarse totalmente. Era muy atractivo y yo siempre me alejé de él, porque tenía la impresión de que podíamos sentirnos muy atraídos uno por el otro y él era casado. Era un hombre al que parecían gustarle mucho las mujeres, era muy sensual, con todos sus sentidos muy abiertos, un gozador de la vida, un hombre muy cálido. Era un poco fome sí, lo imagino aburrido.

–¿Lo has visto últimamente? ¿Puede el sueño referirse a él?

–No, para nada. Lo veo sólo al pasar; este año lo vi por única vez en una reunión hace meses.

–Entonces el sueño no se refiere a él. Cuéntame, ¿qué piensas de los hombres cálidos, amorosos, abiertos a gozar de la vida, de mirada intensa? ¿Qué te pasa con ese tipo de hombres?

–¡No me gustan! –Victoria se sorprende con su primera reacción y luego sonríe. –En general, los hombres tan amorosos me parecen estupendos para otras mujeres, pero no para mí. Siempre me he sentido atraída por esos hombres fuertes, grandes, rudos. Los amorositos los imagino aburridos…

–Hmm… Pero, ¿cuál ha sido tu experiencia con esos hombres rudos como pareja?

–¡Mala, pues! Ya sabes… Primero me gustan y luego me quejo porque son lejanos, distantes, fríos. Y muy poco amorosos.

–¿Y con ese tipo de hombres rudos, has sentido esa conexión especial, como con el hombre de tu sueño?

–No, nunca. Si ni siquiera te miran a los ojos…

–¿Y qué te pasa a ti con esos hombres amorosos cuando se clavan en tus ojos con esa mirada intensa?

–Me da miedo, mucho miedo –Victoria se queda pensativa un instante. –Miedo de perder el control, miedo de dejarme llevar por el sentimiento, de hacer alguna tontería, no sé.

–¿O sea que es más seguro estar con un hombre rudo, lejano? –Elena la mira de soslayo.

–¿Sabes qué? Es mucho más doloroso, pero es seguro. Por lo menos siento un dolor conocido… Qué horror lo que estoy diciendo, pero qué cierto. Qué pena me da escucharme, no sabía que tenía eso dentro. Me pasa cuando veo un hombre muy dulce conmigo que siento terror, no sé qué hacer, me desarmo. Creo que ellos me recuerdan esas ansias de amor no satisfechas y, por alguna razón, no me siento capaz de soportar tanto amor. Pero, ¿y para qué tener un sueño así?

–¿Será para que veas cómo eres tú la que siempre está eligiendo? ¿Que no es que no exista un amor para ti, sino que eres tú la que no se abre a la magia de la conexión más íntima? ¿Y será que, sin embargo, esa mujer capaz de conectarse más profundamente y abrirse al amor sí está en ti?

Edna Wend-Erdel

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