LA VIDA ES SÓLO UN PROCESO

Francisca ingresa por el antejardín de la casa de Martina. Es primera vez que le pide una sesión personal de análisis de sueños y está un poco nerviosa. Y es que esas imágenes… ¿habrán sido un sueño?

–Cuéntame tu sueño –le pide Martina, una vez que ambas se instalan en la consulta.

–Es que no es un sueño… Bueno, eso creo –afirma Francisca.

–Entonces, lo que creas que sea –sonríe Martina.

–Te cuento. Hace un par de noches atrás me encontraba semi sentada en mi cama, muy cansada, y comencé a dormitar. Estaba muy relajada, pero no me dormí profundamente, pues aún percibía lo que ocurría en el exterior, el ruido del televisor y la luz encendida. De pronto empiezo a ver a una niña jugando en el jardín de una casa. Alrededor veo algunos autos antiguos, lo que me pareció interesante, así es que me concentré en las imágenes. Era como uno de esos sueños livianos que gustan tanto que uno decide no despertar para ver qué sigue. Y así, intencionalmente, dejé que las imágenes llegarán a mí. Me tomó unos instantes darme cuenta de que la niña era yo.

››Estoy en algún país de Europa, no sé específicamente cuál, pero tengo la sensación de que es Austria y, por el tipo de autos que veo, puedo decir que es la época de los años '30 o '40. Mi madre había muerto en un accidente automovilístico y mi padre se encontraba tan afectado que no podía hacerse cargo de mí y de mi hermano, dejándonos al cuidado de nuestros abuelos. Me llama la atención lo fríos que eran estos abuelos, no sé si era su temperamento o es que también estaban afectados por la muerte de mi madre.

››Mi hermano y yo tenemos la misma edad, somos muy parecidos físicamente, como si se tratase de una versión femenina y masculina de un mismo ser. Al parecer somos gemelos, incluso nuestros nombres son similares, y tenemos una relación muy estrecha.

››Las imágenes avanzan en el tiempo y veo que mi hermano se casa y yo me quedo sola con mis abuelos. Estoy profundamente apenada, pues me siento abandonada por él, lo único realmente amado que tenía. La soledad me invade y me hace enfermar gravemente. Tengo leucemia. Sufro una lenta agonía, la que me lleva finalmente a la muerte. El día de mi muerte me encuentro en mi cama en la casa de mis abuelos y a lo lejos escucho una canción antigua en un idioma extraño. La música cada vez la siento más lejana, trato de oírla y ya no puedo, no me doy cuenta de que estoy muriendo hasta que comienzo a sentir un zumbido muy fuerte en los oídos y la escena empieza a perder brillo. Comienzo a llorar porque no quiero irme, pero estoy agotada.

››De un momento a otro recibo la siguiente información: "suéltate y déjate ir, otra oportunidad te está esperando, este ciclo ya terminó". Me rindo, cierro los ojos y me entrego, no sin sentir un poco de temor por lo que viene y la angustia por separarme definitivamente de mi hermano. Luego de eso desperté muy angustiada, seguí sintiendo el zumbido en los oídos por unos instantes después de despertar.

–¿Y por qué crees que recordaste esa vida, Francisca?

–¿Verdad que es una vida pasada? ¡Increíble! No sé realmente por qué la recordé.

–Entonces dime, ¿qué sientes que aprendiste de esa vida?

–Hmm… Si lo pienso, creo que lo que reviví me mostró que la vida es sólo un proceso y que cuando éste termina hay que superar el miedo a lo desconocido y el apego a las personas amadas para entregarse y continuar con la siguiente etapa. También que algunas vivencias entre una vida y otra se repiten. Por ejemplo, en esa vida sufrí la ausencia de madre debido a su muerte. En la actual tengo madre, pero es una madre lejana, poco apoyadora, lo que en definitiva me ha significado crecer bastante sola, con las carencias afectivas que ello implica.

–¿Y tu hermano en el sueño? ¿Lo reconoces en esta vida?

–No. ¿Crees que lo conozca?

–Veamos. Cierra tus ojos y respira profundamente –Martina espera a que Francisca se relaje un poco–. Ahora intenta volver a la imagen de tu hermano en esa vida. ¿Puedes verlo?

–Sí… –en el rostro de Francisca se dibuja una sonrisa complacida–. Puedo verlo jugando conmigo.

–Ahora intenta mirar a tu hermano a los ojos durante un momento y ve si esos ojos te resultan conocidos.
Francisca permanece un momento con los ojos cerrados, sumergida en la imágenes antiguas. Una lágrima se asoma por uno de sus ojos.

–No puedo creerlo… –suspira Francisca–. Es mi marido. Dios mío, ahora lo veo claro. Mi marido actual es una especie de alma gemela que comparte el camino conmigo a través de las distintas vidas. No lo había relacionado, pero en el sueño es mi hermano gemelo, una versión masculina de mí misma, que es tal como percibo a mi actual marido en esta vida. Nuestras vidas han sido similares, las experiencias vividas antes de conocernos fueron muy parecidas y cuando lo encontré sentí que se llenaba un gran vacío en mi alma. ¡Ahora entiendo!

–¿Y qué es lo que entiendes? –pregunta Martina.

–Que finalmente lo conseguí. También en esta vida me costó mucho encontrarlo, ya sabes que tuve un primer matrimonio que no prosperó. ¡Y era por esto! Tenía que unirme a mi alma gemela en esta vida. ¡Finalmente!

Edna Wend-Erdel

¿Quieres comentar este artículo o consultar algo relacionado con él?

Puedes hacerlo aquí: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar